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Crónicas de un Camino. Por Andrea Catanzaro. /Parte 2 de 3

Categoría NOTICIAS | 17 Dec

PARTE II - Iniciando las Etapas: Atravesamos la ciudad el lunes 30, pasamos por el sector industrial caminando por el costado de la autopista durante bastante tiempo hasta llegar al final de la zona urbana y el comienzo del campo. El camino aquí será de carretera de tierra: llano, amplio y abierto; campos cultivados sin árboles durante kilómetros. Ya de entrada comenzamos a interactuar con otros peregrinos en todos los idiomas: no hace falta saber ninguno, todos hicimos esfuerzos por hacernos entender y lo logramos!! El lenguaje universal en el Camino es: sonrisas, amabilidad, solidaridad, libertad. Llegamos a Villar de Mazarife después de 21.1 km de recorrido. La siguiente etapa es muy parecida a la anterior, aunque se pone suavemente ondulada. Fue bastante larga (31.4 km), pero con algunas curiosidades como albergues con jardines preciosos, La Puente del Passo Honroso en Hospital de Órbigo, iglesias, casas de piedra, casas habitadas por gallinas y vacas, una “casa abierta” para el peregrino que ofrece hamacas, frutas y comidas gratis. Al llegar a Astorga (Asturica Augusta romana) se puede disfrutar de su hermosísima Catedral del siglo XV cuya construcción tiene elementos góticos, renacentistas y barrocos (fachada siglo XVIII), de acuerdo a la tendencia del momento en que se iba construyendo y el Palacio Episcopal de Gaudí. El tercer día empezó a cambiar todo, el paisaje se puso más agreste, más árido, más boscoso y el clima más fresco, las subidas progresivas, pero suaves todavía (26.3 km). Se suceden los pueblos con preciosas iglesias pequeñas y casas de piedra medieval. Se puede escuchar el viento entre los pinos, que en esta etapa son ejemplares de explotación forestal. Llegamos a Foncebadón que está a 1400 m de altura y actualmente tiene 18 habitantes, 3 bares, cuatro albergues y un almacén. Estuvo abandonado hasta 1990, cuando resurgió para abastecer de servicios al peregrino. Saliendo de Foncebadón al día siguiente (el 4°), nos recibe la famosísima Cruz de Hierro con sus leyendas: una de ellas dice que hay que llevar una piedra de tu lugar de origen y de espaldas depositarla al pie de la Cruz. Juan nos regaló piedras que trajo de Argentina para que cumpliéramos con el ritual. Este tramo del camino a Ponferrada (de 27 km) la pendiente se acentúa significativamente; las montañas de León están al alcance de la mano. Hay bajadas considerables, no sólo por su desnivel sino porque el piso está cubierto de piedras. Los pueblos de El Acebo de San Miguel y más allá Molinaseca son absolutamente preciosos con sus calles, casas y flores por todos lados. Al llegar a destino en Ponferrada nos sorprende una ciudad muy poblada, moderna y pujante, con edificios de viviendas, comercios, un enorme castillo verdadero, al lado de un río generoso. Imperdible la cena casera en el albergue, compartiendo la mesa con cinco nacionalidades diferentes (pudimos comunicarnos relativamente bien); con cada uno me cruzaría en otros tramos del camino en distintos momentos y compartiríamos un abrazo o un saludo afectuoso. Ya en el quinto día (24.6 km), la etapa transcurre por carretera de asfalto y tierra con poco desnivel aunque con pueblos deliciosos por su arquitectura, al igual que sus iglesias como sacadas de un cuento histórico, hay plantaciones de vides y de frutas. Villafranca del Bierzo es un pueblo grande e increíblemente hermoso, con un castillo más bonito aún que el anterior. El albergue que elegimos estaba al final del pueblo así que pudimos ver sus hermosos edificios y gozar de una cascada del río desde nuestro balcón. La etapa siguiente (6° día caminamos 28 km) es la que más prensa tiene por tener un desnivel importante (480 m en 5 km). El camino transcurre durante unos cuantos kilómetros por el costado de la autovía todo asfaltado, aunque a cada lado de la ruta se muestran elevaciones del terreno y el bosque tiene un aspecto selvático y muy húmedo que va acompañando al río, absolutamente magnífico con tantas especies de árboles y plantas: helechos, hiedras, enredaderas varias, hayas, robles, castaños, nogales, pinos y otras que no conozco sus nombres. Todos los colores verdes, pardos, ocres, dorados, rojos, marrones, amarillos del otoño con reminiscencias del verano. Pasado ese tramo cruzamos la ruta y la dejamos atrás por un camino lleno de castaños, robles y nogales con sus frutos maduros haciendo alfombras eternas. Abrazamos los árboles. Cada tanto aparecen poblados de pocas casas con flores en sus puertas y balcones, huertas con calabazas inmensas, cultivos y animales de granja. Una de mis etapas preferidas por su generosidad. También generosos comienzan a ser los desniveles, mucho más exigentes como decía la profecía. Vamos dejando la Región Autónoma de Castilla y León para entrar en Galicia. Llegamos a la ciudad de O Cebreiro a 1.330 metros sobre el nivel del mar, con sólo 18 habitantes, 20 personas más de otras localidades que van a trabajar, 6 bares (sí, 6) y albergues porque reciben 1000 peregrinos por día. En el Mesón no cabe un alfiler, pero nos dimos el gusto de comer pulpo gallego. La parroquia de Santa María do Cebreiro, del siglo IX es una joya del arte prerrománico, tiene una historia particular: se conserva el milagro del Santo Grial de O Cebreiro, en el que la hostia y el vino se transformaron en sangre y carne en el siglo XIV ante un sacerdote que dio misa para un solo peregrino que había llegado una fría noche de invierno en medio de una nevada. Ya habíamos realizado la mitad de nuestro Camino.

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