BLOG

Recordar es vivir dos veces

Categoría NOTICIAS | 17 Jun

“Recordar es vivir dos veces”, dijo alguien alguna vez. Vivir dos veces, o muchas. Este Primer Encuentro Iberoamericano Virtual de Marcha Nórdica nos transportó indefectiblemente a aquel otro, ocurrido casi un año atrás. Más aún porque, en esta semana que pasó, tuvimos la oportunidad de comunicarnos vía Zoom con nuestros compañeros españoles de viaje y descubrir que sus sensaciones siguen tan vivas como las nuestras.

La Escuela Argentina de Marcha Nórdica busca con sus viajes fomentar el turismo activo, generar encuentros entre personas de diferentes ciudades y provincias, y recorrer rutas para descubrir lugares y culturas. Compartir, así, el gusto por la actividad y disfrutando de los beneficios que trae, a la par que se difunde por todo el territorio nacional. Este viaje es un ejemplo de ello.

20 de julio de 2019. Tarde gris marplatense. Frío el ambiente pero caliente el corazón. Los viajes siempre huelen a ilusión. Dos grandes buses partían de la ciudad costera, con diferente rumbo pero un mismo destino, y con la promesa de reencontrarse en la ruta unas horas más tarde, transportando el desafío de realizar con éxito el viaje más numeroso en la historia de la Escuela Argentina de Marcha Nórdica y, por primera vez, con presencia internacional. Para el final del día, habría a bordo 86 almas representantes de Mar del Plata, Balcarce, Villa Gesell, Lago Puelo, Capital Federal y Elche (España), dispuestas a teñir sus zapatillas con la tierra colorada de Misiones.

Un mismo idioma. Diferentes acentos, idiosincrasia y costumbres. La curiosidad le gana la partida a las fronteras. Entre presentaciones y preguntas tímidas, asoman las primeras sonrisas y miradas cómplices, ya no somos tan extraños. María José y Paco, Norberta y Miguel, Fermín, José Carlos y su hija Marta. ¿Qué llevó a estos siete marchadores del Club Costa Blanca de Elche a cruzar el charco para viajar con nosotros? Al rato, ofrecemos el primer mate y unas horas más tarde pisamos la bendita tierra de la yerba que lo alimenta.

Primera parada: Posadas. Cabañas rodeadas de vegetación velarán nuestros sueños, en un primer acercamiento con la selva. Repartija de bastones y arrancar. Los instructores Conny y Carlos nos esperan, junto con sus alumnos, para mostrarnos su ciudad. Un sinfín de marchadores nórdicos pinta la costanera y sus atractivos con su caminata, en un evento que será declarado de interés provincial y municipal y del cual hablarán los medios locales. Cerramos con música, juegos y estaciones de actividad física, mientras el sol posadeño se va a dormir a nuestras espaldas.  Al otro día nos esperan las ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní, una de las tantas misiones por las que la provincia toma ese nombre. Guaraníes y evangelizadores nos recuerdan que España y Argentina están unidas por la historia. Cerramos la jornada en el Parque Teyú Cuaré, y los 10 km de senderos recorridos marchando le sacan brillo a los bastones. La contemplación del río Paraná, en esa explanada verde donde nos llamamos al silencio, fue el premio al esfuerzo.

Una intensa tormenta atrasa nuestra partida pero no opaca nuestro ánimo. Sabemos que se viene el plato fuerte, Puerto Iguazú. El santuario donde nos hospedamos es un idilio en plena selva misionera. Ya tendremos tiempo de disfrutarlo, nos vamos a recorrer la ciudad y el hito tres fronteras mientras anochece. Llegó el día, las Cataratas del Iguazú y dos jornadas completas para disfrutar del parque. Los españoles y algunos más se van a la excursión del gomón. Vuelven muertos de risa, los ojos como platos de fascinación y, por sobre todo, mojados. Mientras tanto, los demás recorrimos circuito superior e inferior. Nos unimos para marchar por el sendero Macuco que, entre susurros de monitos y tucanes, desemboca en la mágica cascada Arrechea. La mañana del segundo día es insuperable. Arribamos juntos a La Garganta del Diablo, y todo el viaje se funde en ese momento. Silencio absoluto, sólo el ruido del agua y la contemplación. Semejante belleza natural queda reflejada en las lágrimas de emoción de los presentes. De aquellos que la ven por primera vez, como los españoles, y de los otros que agradecen haber podido volver. Miles de fotos hermanando banderas y sonrisas, excusa perfecta para prolongar ese momento. No importa qué venga después, el viaje ya valió la pena. El tren que nos trajo, no nos lleva de vuelta. Preferimos que nos lleven los bastones. Marcha Nórdica en el Parque Nacional Iguazú. De vuelta en el santuario, una excursión improvisada por la zona en un pequeño grupo nos regala un momento íntimo junto al río para conocernos más. Los sonidos de la Naturaleza acompañan el regreso. La selva de noche puede ser tan increíblemente mágica.

Con el Parque Temático de la Cruz nos despedimos de Misiones. Desde lo alto del inmenso monumento, se ve la selva en toda su extensión. Ya en Colón, Entre Ríos, la lluvia nos niega la posibilidad de conocer El Palmar. Pero su guía, Valeria, nos lo acerca a través de sus relatos. Recorremos la costanera de la ciudad marchando y, por la tarde, las aguas de las termas nos limpian el cansancio por tanto viaje. La cena de fin de viaje se convierte en una sorpresiva fiesta. Casi cinco horas bailando sin parar. Los pies marcan el ritmo de los latidos del corazón. Argentinos y españoles no se distinguen en la marea de gente, son uno. Como si no hiciera apenas cinco días que se conocen. La felicidad se percibe, se puede palpar, todos ríen y bailan. Entre agradecimientos y lágrimas nos vamos despidiendo. El viaje se termina pero las emociones no. Las revivimos cada vez que recordamos...


                                                                                                                                                              Jor Tuduri

Mas notas

Contáctenos

  • Email: info@marchanordica.com.ar
  • Website: www.marchanordica.com.ar
  • Cel:223 6161485